La historia
de los seres humanos va muy unida al fuego. Los homínidos existen desde mucho
antes, pero hay un momento en el que se establece la relación con el fuego, se
recoge, se conserva, se lleva de un lado a otro en los primeros hornos… Y esa
relación será lo que lleve a los homínidos hasta los seres humanos tal como
somos hoy en día. Ese fue el mayor salto hacia la humanización, entendida como
una conducta intencional.
Ese fuego
que se producía en incendios, volcanes, etc. fue “capturado” y convertido en
parte de un estilo de vida, donde había hogueras y luz para iluminar las cuevas
y la noche, fuego para cocinar, calentarse, etc. Fue una verdadera revolución.
La preocupación
por conservar ese fuego –que si se perdía se podía tardar en recuperarse
incluso generaciones– tuvo mucho que ver con las mujeres, las cuidadoras del
fuego.
Y se comenzó
a desarrollar toda una tecnología para conservar ese fuego. De ahí surge el
horno, inicialmente un agujero en el suelo, cubierto de piedras. También
pequeños hornitos de barro para transportar el fuego, barro que se iba
endureciendo con el calor. Y se va haciendo evidente que el fuego produce
transformaciones en las cosas y que la materia cambia…
Más tarde,
miles de años después del inicio de la conservación del fuego, se aprende a
producirlo, dándose otro gran salto de enormes repercusiones. Porque se ganan
una autonomía y un poder nuevos.
Son momentos
de inspiración (coger el fuego, producirlo) que llevan a cambios para toda la
especie. El ser humano empieza imaginando las cosas y luego las va
realizando. Imágenes revolucionarias.
Y junto al
fuego, van a prendiendo a trabajar con nuevos materiales –además de las
piedras, que están en los inicios de la hominización–, la arcilla y el barro,
materiales blandos y maleables con los que van amasando y creando hornitos y
pequeños recipientes. También modelan pequeñas figuras de diosas, figuras
simbólicas con un significado mágico, relacionadas con una espiritualidad. Y
ese amasar es distenso, produce un tono suave, concentrado pero liviano. El
inicio de un pensar.
Como se
decía en un taller anterior: “el trabajo con la arcilla es el esfuerzo que uno
hace para modelarse a sí mismo”.
Ya en el
neolítico empieza la producción de cerámica, fundido de metales, vidrio y van
aprendiendo a subir la temperatura. En China y Mesopotamia se empieza con las
primeras cerámicas, en Uruk el primer torno de alfarero, en el 3.500 a.e. La
palabra “cerámica” viene del griego y significa “hecho de arcilla”. Cerámico era el barrio de los alfareros en la
antigua Atenas.
Se
desarrollaron oficios con todas estas técnicas. Y los que dominaban los oficios
eran personas importantes, muchas veces el herrero se convertía en el primer
rey de un pueblo. En los mitos, dioses alfareros creaban a los seres humanos a
partir de la arcilla y le daban vida con el soplo divino. Esto nos habla de los
primeros tiempos de la cerámica en las civilizaciones, de nuevas técnicas como
el fuelle, para subir la temperatura. El
mito más antiguo que nos habla de esto es el de Gilgamesh, en Uruk, en tiempos
de los sumerio-acadios.
En el mes de junio iniciamos una serie de talleres para trabajar la arcilla, luego cocerla y hacer
cerámica y finalmente decorarla con esmaltes. Entonces, vamos a modelar y a trabajar
con hornos.
Para el
modelado hay varias técnicas:
·
Simple:
vamos trabajando la masa de arcilla, dándole la forma que queramos, tiene que
estar húmeda pero no demasiado. Hay varias herramientas para trabajarla.
·
Con
churros o chorizos: vamos formando anillos que vamos uniendo mediante cosido y
luego cubrimos y hacemos una capa uniforme.
·
Compuesto:
hacemos varias piezas que luego se unen.
·
Modelado
aprovechando un molde, antiguamente se aprovechaba un cesto, una calabaza, una
bolsa de cuero…
Como en cada
taller, es bueno observar unos intangibles
que nos den dirección en el aprendizaje. El tono o la intensidad del trabajo, que para la arcilla es bueno que
sea un tono suave, de ablandarse junto con el material y dejar que fluyan las
imágenes. La pulcritud tiene que ver
con cuidar el ámbito, tanto las cosas como las personas, atender a la relación
con los otros. Y la permanencia,
para llevar el trabajo hasta el final.
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