martes, 10 de mayo de 2016

Taller de arcilla y cerámica




La evolución del ser humano está en relación directa con algunos descubrimientos importantes; la conservación y producción del fuego, la domesticación de los animales, la agricultura, la medida del tiempo, la metalurgia, etc. El Fuego está inserto en el desarrollo del ser humano como elemento transformador. Desde la conservación y la producción del fuego, fueron aprendiendo como elevar la temperatura y aplicarlo en la creación de objetos mediante el empleo de los hornos. No son hitos solamente externos, son también la manifestación de los procesos internos, de relaciones y comprensiones nuevas en el ser humano. Todo este proceso provocó experiencias y nutrió procesos espirituales que transformaron al hombre. 
En muchísimos mitos de la creación, en las diferentes culturas tan lejanas y distintas como pueden ser la mesopotámica, la china o la quiché (Guatemala), siempre hay un dios alfarero o una diosa que crea a los seres humanos. La cerámica, es como la médula de la civilización. Es como una vena que va por todo lo largo de ella. La podemos reconocer hasta el día de hoy jugando un importante papel en muchos aspectos de los avances tecnológicos. Está presente en las comunicaciones, en el recubrimiento de las naves espaciales (para su entrada a la atmósfera).

En los Mitos Americanos (Guatemala) Popol Vuh cuenta como hicieron el primer hombre de barro y empezaron las lluvias, entonces al hombre de barro se le doblaban las piernas y se caían. Eso es propio de una civilización precerámica, no tenían suficiente temperatura.

En  Mesopotamía (entre los ríos Tigris y Ufrates), se hace el doble de Gilgamesh, Enkidu igual a este pero peludo. Es como son los adobes, con paja para darle consistencia.

En la Biblia se lee que se tomó barro y se creó a Adán, y se le insufló la vida a través de su nariz y con el soplo aumenta la temperatura. Se esta pasando del barro a la cerámica.

El primer alfarero que consiguió, gracias a las brasas, endurecer la forma que había dado a la arcilla, acababa de descubrir un agente de transmutación. El fuego transforma la materia y al transformar la materia se van produciendo transformaciones en el operador. A través del fuego y a cierta temperatura cambia la cualidad del material, cambia el sonido, el peso, la permeabilidad, se hace duro, cuando se rompe se fragmenta. Tenemos la cerámica a 800º C, aquí ya hay bastante desarrollo sobre los hornos y el dominio sobre el fuego. El fuego era como un medio de hacer las cosas en menos tiempo, lo que la madre naturaleza tardaba miles de años, ellos podían acelerar el proceso, pero también servía para hacer algo distinto de lo que existía en la Naturaleza, y en contacto con su fuerza interior es donde sentían que podían modificar el mundo. Esta es la razón por la cual en las culturas más arcaicas, los señores del fuego (el mago, el chamán) estaban cargados de ciertos poderes sagrados.

Traemos este elemento casi prehistórico a este momento, con toda la velocidad y el apuro de esta época. La velocidad con que uno anda y la velocidad con que andan los materiales que trabajamos tienen tempos diferentes, y hay un choque. Para eso tenemos que regular la velocidad, a eso le llamamos “paciencia”. Esto se hizo en una época en que las cosas eran lentas y al traerlas a esta época se producen estas colisiones. Uno quiere obtener resultados rápidos y vas forzando al material. El material no admite esa cosa tan rápida, se te quiebra, se te rompe y tú no sabes a qué se debe; se debe a tu velocidad, tu tiempo, que no es el tiempo con que trabajan estas cosas. El material tiene su tiempo de secado y su tiempo de cocción, hay que respetarlo.


La arcilla es elástica y posee gran plasticidad. Se deforma fácilmente por la presión, pero necesita de todo un proceso de amasar para sacar el aire, que repercute a la hora de cocer el material y llevarlo a cerámica, todo ese trabajo de pulcritud previo es importante en el proceso final.

El amasado, es de especial importancia, pues según se amasa la arcilla ayuda a soltar tensiones. Con el amasado pueden ir apareciendo tensiones posturales y tensiones internas: mi pieza es peor que la del otro, no me va a salir nada, etc., lo importante no es el resultado artístico sino la superación de estos límites que van surgiendo. Y se trata de ver cómo producir una imagen en arcilla desde adentro, inspiradora, desde un lugar distinto a las prisas de lo cotidiano.


Aprender cómo manejar el material, y observar qué pasa con uno mientras está en ese trabajo. El trabajo con la calma y la paciencia, el tratar de sentirse a uno mismo y al de al lado, son también temas a tener en cuenta, sobre todo desarrollar el buen trato, con otros y con uno mismo. 


Próximo taller del fuego: Junio (fecha por confirmar)

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