viernes, 6 de febrero de 2026

Puentes de humanidad

Por Amada Carrero | A veces me han llamado «utópica», como si desear un mundo mejor fuera una exageración o un exceso de positividad. Pero la historia demuestra que las utopías de un tiempo son las realidades de otro. Lo que ayer parecía imposible, hoy es un derecho conquistado.

Los derechos humanos no están muertos: están dormidos. Dormidos en los gobiernos que olvidan a la gente.

Dormidos en las sociedades que ya no reaccionan.

Dormidos en las personas que han olvidado que nacieron con libertad, dignidad y voz.

Y, mientras tanto, la vida avanza como si la deshumanización fuera algo normal. Como si la compasión fuese un lujo. Como si ayudar a tu prójimo pudiera ser ilegal, con leyes absurdas que criminalizan la ayuda y juzgan como delincuentes a quienes intentan rescatar vidas.

Antes también llamaron «utópica» la idea de abolir la esclavitud. También llamaron «utópico» imaginar que una mujer pudiera votar.

La historia nos muestra que la utopía es siempre el primer latido: después, cuando suficientes conciencias despiertan, se vuelve realidad. Un sistema entero puede transformarse cuando el corazón humano se activa.

Si soy utópica, es porque la realidad me parece increíble.

Y porque creo, profundamente, que la humanidad solo será verdaderamente humana cuando coloque en el centro a las personas, a los seres vivos, a la vida misma como valor fundamental. Construir puentes de humanidad no es un sueño lejano: es la tarea más urgente de nuestro tiempo.

Artículo 1 – Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Declaración Universal de los derechos humanos

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