viernes, 3 de noviembre de 2023

Desde un enfoque violento de la violencia, no resultará la paz


Repudiamos las políticas belicistas de los gobiernos. Los pueblos queremos vivir en paz.

La única salida es la metodología de la no violencia activa.

Milicianos del grupo terrorista de Hamás atacaron el pasado 7 de octubre objetivos civiles y militares en territorio israelí, asesinando a centenares de personas y causando el pánico entre la población.

La respuesta, también terrorista, del Gobierno de Israel fue rápida, incluyendo el bombardeo de poblaciones indefensas, causando centenares de víctimas civiles y sembrando la destrucción y el horror en Gaza. Las autoridades israelíes aprovecharon la oportunidad para armar una dura venganza amenazando con una guerra larga y cruenta hasta una supuesta solución final.

Hay que insistir en que dos millones de palestinos viven en Gaza desde hace varias décadas en una situación dramática y cruel propiciada por las potencias occidentales. Encerrados y bloqueados en un “gueto” construido por el Estado de Israel que los somete a una completa humillación, sin poder salir y entrar de ese territorio, sin poder recibir los materiales necesarios para construir las infraestructuras que necesitan, sin las medicinas necesarias para sus hospitales o sin acceso a las fuentes de energía que requieren. Los palestinos son asediados y sometidos por el poder militar del ejército israelí, que periódicamente bombardea las ciudades y poblados causando miles de muertos entre la población. Están sometidos a una política que solo puede calificarse como de exterminio, que a veces avanza con lentitud pero que en ocasiones estalla causando miles de víctimas.

Una política inhumana que desoye todas las resoluciones de Naciones Unidas y viola los derechos fundamentales de los palestinos con la complicidad de Estados Unidos y la Unión Europea. La estrategia de Hamás, que dice pretender la liberación de los palestinos, solo les arrastra hacia situaciones sin salida que convierten a los gazatíes en moneda de cambio. Mientras, al otro lado de la valla, el miedo entre buena parte de la población israelí se extiende ante la movilización forzosa hacia la guerra y el combate.

En una paradoja dolorosa, aparecen dirigentes que acaban siendo peones de un enloquecido juego de intereses, geoestratégicos o grupales, en el que las vidas humanas o el sufrimiento de las poblaciones son irrelevantes. Desde hace tiempo se viene dinamitando todo intento de buscar una salida dialogada y sin violencia, dejando a las poblaciones sin esperanza en una solución pacífica que posibilite una convivencia digna entre ambos pueblos.

Con el futuro cerrado, miles de jóvenes solo consideran ya la violencia como única manera de transformar su situación. La creencia en la supuesta “necesidad” o “inevitabilidad” de la violencia como forma de resolución de los conflictos confiere poder a los violentos. De ese modo, los pueblos pueden llegar a encumbrar y sostener en el poder a los enemigos de su propio futuro. ¿Cómo se va a detener esta espiral de violencia enloquecida si los responsables de la masacre lanzan proclamas llamando a la venganza y a la violencia desproporcionada, enmascarándola en el “derecho a la autodefensa”? La internacionalización del conflicto y el peligro nuclear en el horizonte cercano nos acerca a todos a una encrucijada manifiesta.

Este conflicto tiene responsables. Desde la creación del estado de Israel, Estados Unidos ha instalado las condiciones y motoriza la ocupación del territorio para controlar el Medio Oriente rico en petróleo. Aunque eso signifique el exterminio de todo un pueblo.

La respuesta inmediata ante el ataque terrorista de Hamás (grupo apoyado desde su creación por el Gobierno de Israel a instancias de los Estados Unidos para socavar en ese momento el poder de la Organización para la Liberación de Palestina) es enviar armas.

Estados Unidos exporta el 79% del armamento en el mundo. Además su gasto en presupuesto militar sigue incrementándose y superando en porcentaje al del resto de las potencias armamentísticas.

Invadir, saquear, matar. Y vender armas. En definitiva hacer la guerra. Continuamente.

En estas circunstancias, nuestras esperanzas no están en la conciencia de los dirigentes actuales, sino en la voz de los pueblos y de quienes logran hacerse escuchar enviando un mensaje en favor de la detención de la escalada de violencia a pesar de la presión de los gobiernos y los medios de comunicación que fomentan un belicismo irresponsable.

Nuestras propuestas son:

  1. Detener inmediatamente toda forma de violencia.
  2. El retiro inmediato de todas las fuerzas militares extranjeras de la zona.
  3. Todas las resoluciones respaldadas por la ONU deben implementarse de inmediato. Armar la tabla del diálogo para llegar a la única solución no violenta: dos pueblos, dos estados.
  4. El cumplimiento de los derechos humanos para todos los pueblos, la exigencia a vivir en paz y la creación de condiciones de cooperación para el desarrollo conjunto.

Es urgente parar esta escalada de violencia y destrucción, desde un enfoque violento de la violencia, no resultará la paz.

Por ello, desde La Comunidad para el desarrollo humano, alentamos a todas las personas con una sensibilidad humanista y no violenta a sumarse y/o continuar trabajando por la instauración de la no violencia activa en todos los ámbitos, personales y sociales, en los que se tenga posibilidad de actuar.