lunes, 10 de febrero de 2020
Encuentro-taller: Inspiraciones y poesía
¿Dónde buscas tu inspiración? ¿Dónde encuentras tu creatividad?
La propuesta es que cada participante lleve un texto, poesía o prosa, que en algún momento de su vida le haya resultado inspirador, que le haya impactado de alguna manera...
Los leemos, comentamos y luego hacemos un ejercicio que nos ayude a dejar espacio a que surjan nuestras propias inspiraciones...
Cuándo: Miércoles 12 febrero | 19:00 h
Dónde: C/ Ponferrada, 4 local (metro Peñagrande)
Precio: Gratuito
sábado, 18 de enero de 2020
Taller | Culturas de arcilla
En el poema
de Gilgamesh se dice:
«Tú, Aruru, que creaste a la
humanidad, crea ahora una copia de Gilgamesh: este hombre a su debido tiempo lo
encontrará y mientras luchen entre ellos Uruk vivirá en paz». La diosa Aruru,
cuando oyó este ruego, imaginó en sí misma una imagen del dios Anu, humedeció
sus manos, amasó un bloque de arcilla, modeló sus contornos y formó al valiente
Enkidu, el héroe augusto, el campeón del dios Ninurta»...
Muchas
culturas tienen mitos de dioses alfareros, dioses creadores de la humanidad a
partir del barro y del moldeado… como Aruru, uno de los muchos nombres de la
diosa madre.
Esto da idea
de la importancia de este material.
La arcilla
es uno de los materiales que ha acompañado al ser humano desde más antiguo. En
el Paleolítico, se fabricaron las primeras esculturas de pequeñas diosas de la
fertilidad. En el Neolítico, vasijas y recipientes para agua y comida, hornos…
En la primera civilización, que fue la sumeria, se inventó la escritura sobre
tablillas de barro cocido… y así siguiendo.
Todas las
culturas han manejado el barro cocido. Al principio secado al sol, cocido en
hogueras, luego en hornos que permitieron subir la temperatura e inventar la
cerámica…
En el taller
del fuego trabajamos la arcilla, el metal y el vidrio, tres materiales básicos.
Y los tres sirven para aprender a para atender.
martes, 12 de noviembre de 2019
Taller | Trabajos con el vidrio
Origen del fuego
En
épocas remotas e inmemoriales, los hombres recibieron un regalo como caído del
cielo. Pudo venir de un meteorito que caía, de un rayo de tormenta o de un
volcán que se activaba y que provocaba el incendio. Y pasó que, mientras todos
los animales corrían para ponerse a resguardo, el ser humano, prendado y
temeroso a la vez de ese fuego, fue capaz de vencer sus instintos y de agarrar una
de sus llamas y comprobar que su mundo se transformaría al poseerla. Ese fuego
que todo iluminaba, con su brillo dio al mundo nuevos significados y una nitidez
que antes el mundo no tenía.
Pasaron
muchos años, casi un millón, entre que el fuego fue conservado y transportado a
que se supiera producir de forma voluntaria.
En la
etapa de la conservación aparecieron los rudimentos de los primeros hornos que
con el tiempo fueron transformándose en hornos capaces de llegar a producir
mayores temperaturas, pasando de los 600º de la fogata hasta los 1.300 y 1.600º
necesarios para fundir el vidrio y el hierro.
¿Qué
tiene la especie humana que fue capaz de desafiar a su destino para enfrentarse
a esa fuerza de la naturaleza y acercarse a su tremenda fuerza de calor?
¿Quizás
la posibilidad de futurización e imaginar las cosas que podría hacer a futuro
con el fuego? ¿Quizás su curiosidad, el ir más allá y el superarse a sí mismo y
vencer su peculiar fragilidad?
El caso
es que creían que el fuego estaba en las cosas, en la madera, los huesos, o las
piedras, y seguramente ese fuego que veían afuera le resonaba también internamente
y pensaban que lo tenían adentro.
En los
mitos, Prometeo les dio a los hombres la caña hueca con la luz del fuego que de
lejos se ve para que los hombres salieran de la oscuridad y aspiraran a
conquistar su libertad y su inmortal destino.
Orígenes del vidrio
Se cuenta que, en Siria, cuando unos mercaderes de natrón,
probablemente en ruta hacia Egipto, preparaban su comida al lado del río y al
no encontrar piedras para colocar sus ollas, pusieron trozos del natrón que
llevaban como carga. A la mañana siguiente vieron cómo las piedras se habían
fundido y su reacción con la arena había producido un material brillante,
vítreo, similar a una piedra artificial.
El Natrón (carbonato de sodio) en el antiguo Egipto era considerado
como algo "divino", y "puro" y fue muy utilizado para embalsamar. Junto a la
sílice, la arena, producirían primero, los vitrificados cerámicos y después el
vidrio.
Para nosotros, el vidrio es la
última etapa en la experiencia con los fuegos. Nos inspira y nos abre nuevos
espacios en los que surgen nuevos significados. Ha habido muchas cosas que
aprender y que hacer antes de llegar hasta aquí y muchos pesos que aligerar en el
camino. Es algo un tanto mágico que, de algo tan potente, de esos 1.300º de
fuego al que tu cabeza te dice que te acerques, pero al que tu cuerpo te dice
que retrocedas, nazca algo tan liviano y frágil como una gotita de vidrio. Esta
es una etapa en la que nuestra intención se revaloriza para orientarnos en el
futuro.
Trabajo con el vidrio
El el taller de vidrio fundimos vidrio y tratamos de revivir las mismas sensaciones que tuvieron
los primeros homínidos en sus inicios con la experiencia del fuego.
Trabajamos con altas temperaturas, llegando a los 1.200- 1.300º C, temperatura
necesaria para que el vidrio este líquido y que corra, con una textura similar
a la del caramelo líquido.
El trabajo con el vidrio nos exige mantener un tono
atencional alto durante varias horas. Es un trabajo delicado. Al menos se
necesitan de cuatro a cinco horas para tener el vidrio fundido.
Soplado
Para las prácticas de soplado utilizamos la caña. Hay
unos pasos muy sencillos para producir burbujas de vidrio. El problema que nos vamos a encontrar es que estamos en un medio muy
impactante, cerca de un fuego a 1.200º, trabajando con una herramienta que está
también muy caliente y tenemos un breve tiempo hasta que el vidrio se
endurece.
Todo este proceso es como un baile, hay que ser cuidadosos con su ritmo, estar calmados, atentos y conectados en cada paso.
Hay que dejar que brote lo mejor de cada uno de nosotros en esta danza milenaria del
fuego.
miércoles, 23 de octubre de 2019
¿Qué es el "paisaje de formación"?
Era un mundo de objetos tangibles que se fue modificando a medida que pasaron los años. Cotejando, descubrimos que muchos objetos que formaron parte de nuestro medio infantil, ya no existen. Otros han sido tan modificados que se nos tornan irreconocibles. Por último, han sido producidos nuevos objetos de los que no se tenía antecedentes en aquella época. Basta recordar los juguetes con los que operábamos y compararlos con los juguetes de los niños de hoy, para entender el cambio de mundo producido entre dos generaciones.
Pero también ha cambiado el mundo de objetos intangibles: valores, motivaciones sociales, relaciones interpersonales, etc. En nuestra infancia, en nuestra etapa de formación, la familia funcionaba de un modo diferente al actual; también la amistad, la pareja, el compañerismo. Lo que se debía hacer y lo que no (es decir, la normativa de la época), los ideales personales y grupales a lograr, han variado considerablemente.
En otras palabras: los objetos tangibles e intangibles que constituyeron nuestro paisaje de formación, se han modificado.
Pero he aquí que, en este mundo que ha cambiado, mundo en el que opera un paisaje de formación diferente para las nuevas generaciones, tendemos a operar en base a intangibles que ya no funcionan adecuadamente.
El paisaje de formación se expresa como conducta, como un modo de ser y de movernos entre las personas y las cosas. Ese paisaje también es un tono afectivo general, una “sensibilidad” de época no concordante con la sensibilidad de la época presente.
La generación que hoy se encuentra en el poder (económico, político, social, científico, artístico, etc.) ha sido formada en un paisaje diferente al actual. Sin embargo, actúa en el momento presente e impone su punto de vista y su comportamiento como “arrastre” de otra época. Las consecuencias de la no concordancia generacional, están hoy a la vista.

La dialéctica generacional siempre ha operado y que eso es, precisamente, lo que dinamiza a la historia humana. Pero lo que estamos destacando es que la velocidad de cambio se está acelerando cada vez más y que estamos en presencia de un ritmo vital muy diferente al que se sostenía en otras épocas.
Con solo mirar el avance tecnológico y el impacto de las comunicaciones en el proceso de mundialización, comprendemos que en nuestra corta vida ha ocurrido una aceleración que supera a centurias completas de otro momento histórico.
La “mirada” propia y la de los otros, como determinantes de conducta en el paisaje de formación
A lo largo de nuestra vida hemos ido produciendo un comportamiento personal, una codificación en base a la cual damos respuestas y nos ajustamos al medio.Si repasamos nuestra biografía, vemos que, de cara a los valores establecidos arremetíamos contra ellos, o los aceptábamos, o nos replegábamos sobre nosotros mismos. Así, íbamos formando nuestras conductas en el mundo de relación, pero existían además reajustes continuos.
Mirábamos ese mundo y mirábamos a otras personas mientras actuábamos. Reconsiderábamos nuestra acción, proponiéndonos nuevas conductas, nuevos ajustes. Al mismo tiempo, éramos “mirados” por otros que nos alentaban o que nos reprobaban. Desde luego, existía una “mirada” institucional propia del sistema legal; también una “mirada” propia de las convenciones y costumbres. También existía para algunos una “mirada” más compleja. Una mirada externa, pero que nos escrutaba no solamente en nuestro comportamiento externo, sino en nuestras intenciones más profundas. Era la mirada de Dios. Para otros, era la mirada de la propia “conciencia” entendiendo a esta como una disposición moral del pensamiento y la conducta.
La propia mirada sobre el mundo y las miradas ajenas sobre uno mismo, actuaban pues como reajustes de conducta y gracias a todo esto se fue formando un comportamiento. Hoy ya contamos con un enorme sistema de códigos acuñado en nuestra etapa de formación. Nuestra conducta responde a él y se aplica a un mundo que, sin embargo, ha cambiado.
El “arrastre” de conductas del paisaje de formación en el momento actual
Numerosas conductas forman parte de nuestro comportamiento típico actual. A esas conductas podemos entenderlas como “tácticas” que utilizamos para desenvolvernos en el mundo. Muchas de esas tácticas han resultado adecuadas hasta ahora, pero hay otras que reconocemos como inoperantes y hasta como generadoras de conflicto.Conviene discutir brevemente esto. ¿Por qué habría de continuar aplicando tácticas que reconozco ineficaces o contraproducentes? ¿Por qué me siento sobrepasado por esas conductas que operan automáticamente? Apelaremos a un término que tomaremos prestado a la psicología clásica, para referirnos a esas fuerzas internas que nos obligan a actuar a pesar nuestro, o nos inhiben en la acción cuando queremos realizarla. El término que usaremos será “compulsión”.
Sabemos de numerosas compulsiones que actúan en nosotros. Es hora de aplicar una mirada situacional y comprender que aparte de los factores subjetivos que actúan como tensiones, climas, imágenes, etc., existen conductas grabadas y codificadas ya en nuestra etapa de formación, que resultaron más o menos eficaces en aquellas épocas pero que hoy ya no funcionan adecuadamente. Debemos revisar todo esto desde su raíz y renovarnos frente a las exigencias de los nuevos tiempos.
Propuesta de un autoconocimiento situacional
Vamos a reconstruir nuestro paisaje de formación a grandes rasgos, poniendo énfasis no en los objetos tangibles de aquella época, sino en los intangibles. Observaremos nuestra estructura familiar y los valores que en ella tenían vigencia: aquello que era bien visto y aquello que era reprobado. Observaremos las jerarquías y los roles establecidos. Sin criticar nada, tratando de no juzgar... simplemente describiendo. Describiendo los intangibles que se daban en la relación con los amigos, en la escuela, en la relación con otro sexo, en el medio social en que tocaba actuar. Sin juzgar.Una vez descrito, trataremos de sintetizar cómo era ese paisaje apoyándonos en modas, edificaciones, instrumentos, vehículos, etc., dándole apoyo objetal al paisaje de formación. Por último, Trataremos de rescatar la “sensibilidad”, el tono afectivo general de los momentos más importantes de nuestro paisaje de formación. Tal vez la música, los héroes del momento, la ropa codiciada, los ídolos del mundo de los negocios, de la política, del cine, del deporte, sirvan como referencias para captar el tono afectivo que, como trasfondo, operaba en nuestro mundo circundante. Examinando cómo “mirábamos” todo aquello y cómo éramos “mirados” por los miembros de ese mundo. Cómo juzgábamos todo aquello y el modo en que reaccionábamos. No lo juzgues desde tu “hoy”, hazlo desde aquella época. ¿Cómo era tu choque, tu huida, tu repliegue, tu acuerdo?
Pero no te digas ahora si aquello estaba bien o mal. Simplemente describe.
Estamos ahora en condiciones de comprender cómo aquellas conductas y aquel tono afectivo general han llegado hasta aquí, hasta el día de hoy. Estudiaremos pues, el “arrastre” de aquellas épocas en materia de acción y de “sensibilidad”. No hay que desorientarse por la modificación de las conductas, ya que muchas de ellas conservan la misma estructura aunque se hayan sofisticado considerablemente a lo largo del tiempo. Muchas “tácticas” han ido mejorando, pero otras han quedado fijas, sin adaptación creciente. Hay una relación entre esas conductas fijas, esas tácticas, con el tipo de sensibilidad de aquella época. Necesitamos saber si estamos dispuestos a abandonar de aquella sensibilidad que, desde luego, involucra valoraciones que mantenemos en pie.
Llegamos a un momento de profunda meditación. No se está sugiriendo abandonar los valores y la sensibilidad de nuestra etapa de formación. Estamos hablando de algo diferente; de comprender como todo aquello opera en nuestro momento actual.
Cada uno debe decidir para producir los cambios que juzgue necesarios. Pero aquí, las modificaciones que operes serán estructurales y situacionales, ya no simplemente subjetivas porque estás cuestionando la relación global con el mundo en que vives.
Este trabajo no sería una práctica más sino una meditación sobre la propia vida. De exponer ante los propios ojos la verdad de nuestra relación personal con el mundo.
¿Cuál es la orientación de nuestra vida? En este campo existe bastante confusión. Así, por ejemplo, una pareja planifica su futuro: aspira a una vida plena de comprensión y acuerdo, quiere realizar una existencia compartida y definitiva. Como estos planificadores son gentes prácticas, no dejan de calcular cuestiones de ingresos, gastos, etc. Al pasar cinco años comprueban que la planificación resultó adecuada. Los ingresos han sido exitosos y han conseguido numerosos objetos que antes deseaban tener. Todo lo tangible ha resultado mejor aún que lo previsto. Nadie en su sano juicio hablaría de un fracaso de planificación. Pero es claro que habrá que determinar si los intangibles que eran la base del plan a desarrollar se lograron plenamente. En materia de prioridades el primario era la vida en pareja, plena de comprensión y acuerdo; los objetos tangibles eran secundarios necesarios para lograr aquel resultado en la práctica. Si las cosas fueron de esa manera, el plan vital resultó un éxito, si las prioridades se invirtieron o el término más importante desapareció de escena, la planificación concluyó en fracaso.
En una planificación adecuada será conveniente comprender desde “dónde” se hace, cuál es la dirección mental que traza el camino del plan. ¿Cómo no preguntarse si una planificación está dictada por las mismas compulsiones que hasta el momento han guiado numerosos desaciertos en la acción?
Convendrá aclarar cuál es la dirección mental desde la que se lanza el proyecto, observando si se trata de una compulsión o de algo meditado.
viernes, 11 de octubre de 2019
Talleres: Aprendiendo a entender nuestro paisaje de formación
Hemos nacido en una época donde las modas, objetos, estilos
de vida, creencias y valores eran muy diferentes a los actuales. Las cosas han
cambiado y siguen haciéndolo cada vez más rápido.
Pero nuestros ojos siguen mirando desde el paisaje que nos
formó y que ya no existe. Nuestra conducta está codificada desde esos
aprendizajes iniciales y no siempre es adecuada u oportuna.
Estas discordancias son el origen del choque generacional,
que no siempre entendemos bien.
Para comprender mejor todo esto, vamos a realizar una serie
de talleres a lo largo de octubre y noviembre que nos ayuden a aclarar de
"dónde venimos" y cuál es nuestro paisaje de formación.
Miércoles a las 19:30 h
Centro Humanista Barrio del Pilar
C/ Ponferrada, 4
Metro Peñagrande
Info: 617 722 444
miércoles, 9 de octubre de 2019
Visita Fábrica de Cristales de La Granja
El sábado 12 de octubre organizamos una visita a la Fábrica de Cristales de La Granja (Segovia). Visita guiada por el museo y visitamos su taller de soplado en vivo.
Salimos a las 10:00 y volvemos después de comer.
Hemos calculado que la visita sale por unos 20 euros, incluyendo entrada del museo + transporte + comida en una pizzeria. Si no se dispone de coche propio, se puede coordinar con otras personas del grupo, llamar para confirmar espacios.
Más información e inscripciones: 617 722 444
miércoles, 2 de octubre de 2019
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